Por Vladimir Román E.
Octavio Paz: "La poesía"
en Libertad bajo palabra
en Libertad bajo palabra
Los poetas, en su mayoría, no son únicamente poetas, sino también filósofos de la vida. La poesía, esa bella inspiración del alma, muchas de las veces es la reflexión humana de un hombre enamorado de la vida. Podemos decir que Octavio Paz era un enamorado de la poesía y de la vida por la obra que nos legó. Un poeta consagrado a la vida humana y ofrendando su poesía a los amantes de la palabra hecha verso y belleza. La poesía es en el poema “La Poesía” de Octavio Paz, esa meditación profunda de la vida hecha verso y con profunda armonía estética. El poema “La Poesía” nos habla de la profesión del poeta, orfebre de la palabra, encantador y encantado, brujo y embrujado por el poder creador del amor poético que nace del silencio. Una calma profunda y reposada, sumergida en lo hondo del silencio engendra poesía. Como ente colosal se levanta un poema, dormido quizás en lo más recóndito del sentimiento del poeta, en su subconsciente, acostado como en un sueño dentro de otro sueño. La avidez, pues, significa la necesidad del poeta de expresar su mundo de manera diferente de la que lo haría un contador, un abogado, un arquitecto, un médico o un ingeniero. El poeta está en búsqueda de la libertad de manera constante a través de la palabra en verso, por eso es importante rendir homenaje y culto a la inspiración que se traduce como poesía. Si el poeta olvida lo que es la poesía se olvida de sí mismo y olvida el sentido de la vida y de la libertad que da la palabra. De manera simbólica, podemos decir que el verso es una paloma que busca en dónde anidar, y anida en la poesía del poeta.
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La voz poética de Octavio Paz se fundamenta en sus tres grandes maestros, Alfonso Reyes, José Juan Tablada y Ramón López Velarde , los cuales tenían percepciones distintas en cuanto a la tradición poética literaria. Sin embargo, los tres son también indispensables para entender la modernidad de la poesía mexicana, como el propio Paz es también indispensable para entender esa corriente poética moderna de la poesía mexicana. Dejando a un lado los convencionalismos literarios, Octavio Paz busca crear una nueva propuesta poética, que se reflejó en su ensayo El arco y la lira, en donde plantea lo siguiente:
La poesía es conocimiento, salvación,
poder, abandono. Operación capaz de
cambiar al mundo, la actividad poética
es revolucionaria por naturaleza; ejercicio
espiritual, es un método de liberación
interior (p. 13) .
Así, Octavio Paz manifiesta el sentido poético en "Calamidades y milagros" (1937-1947) que se encuentra en la recopilación poética Libertad bajo palabra, en su poema "La Poesía":
Ya sólo tú me habitas,
tú, sin nombre, furiosa substancia,
avidez subterránea, delirante.
Se trata de una posesión mutua, el poeta es poseedor y poseído de la poesía, como un deseo incansable y en apariencia absurdo y sin sentido, pero que ocasiona un poder creador artístico. De esta forma y con este claro ejemplo, vemos cómo la voz poética de Paz emerge desde lo íntimo de su ser para describir un mundo único, a través del numen poético a todos aquellos que son amantes de la poesía.
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La avidez por la poesía en “La poesía” se traduce como un deseo con fuerza por decir lo que otro no podría decir con las mismas palabras. El poeta tiene esa gracia especial para decir las cosas y Octavio Paz está plenamente conciente del asunto. En su epistolario poético intitulado Puertas al campo, Paz dice lo siguiente respecto a Marco Antonio Montes de Oca, el cual acababa de publicar un poemario que llamó Delante de la luz cantan los pájaros, en 1959:
No, la poesía nunca es excesiva.
Los numerosos aciertos de Montes
de Oca no me cansan; me cansa
cuando desfallece, cuando se repite
y, sobre todo, cuando sustituye la
expresión original por lugares comunes…
Para saludar la aparición de su libro no
encuentro otra frase que este verso suyo:
“La creación está en pie” (p. 126).
El poeta, el creador con las palabras, reconoce el numen poético cuando se encuentra con él, no importa si es de otro, la poesía es reconocible por la avidez, que es la fuerza creadora que siempre está en pie. En tres versos y en tres estrofas aparece esta avidez creadora de la poesía, que mueve al poeta a la creación, que además es descriptiva:
Una avidez sombría 1ª estrofa
Avidez que sólo en la sed se sacia, 3ª estrofa
Avidez subterránea, delirante. 5ª estrofa
Y así, vemos ese deseo creador, esa necesidad y avidez poética que en la ausencia de palabras, en el silencio, surge como salvación del hombre, que alimenta su alma de la poesía. Esto también lo vemos en la novena estrofa donde el contubernio poeta poesía es manifiesto, pues los dos son un binomio inseparable:
Insiste, vencedora,
porque tan sólo existo porque existes,
y mi boca y mi lengua se formaron
para decir tan sólo tu existencia
y tus secretas sílabas, palabra
impalpable y despótica,
substancia de mi alma.
En la estrofa novena está declarada la vocación del poeta, ha nacido para cantar versos hermosos a la vida, no tiene más objetivo su existencia que la poesía y alegrar a los seres humanos, habitantes de un mundo donde la poesía es vital para que no muera el alma.
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Indudablemente no pudo llamarse mejor la recopilación poética de Octavio Paz de 1935 a 1957, Libertad bajo palabra. Si bien el título se nos figura en el ámbito jurídico como la palabra empeñada para no delinquir y alcanzar la libertad, implica a su vez en la poesía la libertad a través del arte, ese arte que cautiva y devora los sentidos provocando placer. La esclavitud humana es el sufrimiento colectivo por la falta de placer libertador, el cual es procurado necesariamente por la poesía y el arte:
Rozo al tocar tu pecho
la eléctrica frontera de la vida,
la tiniebla de sangre
donde pacta la boca cruel y enamorada,
ávida aún de destruir lo que ama
y revivir lo que destruye,
con el mundo, impasible
y siempre idéntico a sí mismo,
porque no se detiene en ninguna forma
ni se demora sobre lo que engendra.
La última estrofa nos hace comprender lo indispensable que es la poesía, electrifica, vivifica la vida misma, aunque el mundo siga siendo el mismo, la poesía lo transforma y lo regenera indomablemente. La poesía se hace forma tangible y palpable, quizás femenino o masculino, el poeta no sólo roza su pecho sino su corazón en la soledad poética.
Llegas, silenciosa, secreta,
y despiertas los furores, los goces,
y esta angustia
que enciende lo que toca
y engendra cada cosa
una avidez sombría.
La poesía como pequeña brisa marina que despeina, en la taciturna noche o en soledades poéticas, prende todo lo que toca y hasta lo más adormecido del ser humano levanta para construir otro universo estético, el poema.
La poesía
Llegas, silenciosa, secreta,
y despiertas los furores, los goces,
y esta angustia
que enciende lo que toca
y engendra cada cosa
una avidez sombría.
El mundo cede y se desploma
como metal al fuego.
Entre mis ruinas me levanto,
solo, desnudo, despojado,
sobre la roca inmensa del silencio,
como un solitario combatiente
contra invisibles huestes.
Verdad abrasadora,
¿a qué me empujas?
No quiero tu verdad,
tu insensata pregunta.
¿A qué esta lucha estéril?
No es el hombre criatura capaz de contenerte,
avidez que sólo en la sed se sacia,
llama que todos los labios consume,
espíritu que no vive en ninguna forma
mas hace arder todas las formas.
Subes desde lo más hondo de mí,
desde el centro innombrable de mi ser,
ejército, marea.
Creces, tu sed me ahoga,
expulsando, tiránica,
aquello que no cede
a tu espada frenética.
Ya sólo tú me habitas,
tú, sin nombre, furiosa substancia,
avidez subterránea, delirante.
Golpean mi pecho tus fantasmas,
despiertas a mi tacto,
hielas mi frente,
abres mis ojos.
Percibo el mundo y te toco,
substancia intocable,
unidad de mi alma y de mi cuerpo,
y contemplo el combate que combato
y mis bodas de tierra.
Nublan mis ojos imágenes opuestas,
y a las mismas imágenes
otras, más profundas, las niegan,
ardiente balbuceo,
aguas que anega un agua más oculta y densa.
En su húmeda tiniebla vida y muerte,
quietud y movimiento, son lo mismo.
Insiste, vencedora,
porque tan sólo existo porque existes,
y mi boca y mi lengua se formaron
para decir tan sólo tu existencia
y tus secretas sílabas, palabra
impalpable y despótica,
substancia de mi alma.
Eres tan sólo un sueño,
pero en ti sueña el mundo
y su mudez habla con tus palabras.
Rozo al tocar tu pecho
la eléctrica frontera de la vida,
la tiniebla de sangre
donde pacta la boca cruel y enamorada,
ávida aún de destruir lo que ama
y revivir lo que destruye,
con el mundo, impasible
y siempre idéntico a sí mismo,
porque no se detiene en ninguna forma
ni se demora sobre lo que engendra.
Llévame, solitaria,
llévame entre los sueños,
llévame, madre mía,
despiértame del todo,
hazme soñar tu sueño,
unta mis ojos con aceite,
para que al conocerte me conozca.
Octavio Paz.

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