Por Madeja Lazos.
SIMÓN DICE…
¿Conoces a Simón? Porque debo informarte que Simón dice muchas cosas y puede decírtelas a ti. Cuando eso ocurra ¿qué le contestarás? Me refiero al juego, pasatiempo movimiento o fenómeno llamado flash mob que ocurre en muchos lugares del planeta, incluido nuestro país.
Flash mob es una acción que ejecuta un grupo de personas, para sacar de la cotidianidad del momento […] una escena de caos, podría ser… diferente y después desaparecer dejando sin respuestas a todas las personas que lo hayan visto hasta ese momento.[1]
Esta es la definición que dio Isaac Salame Farca, líder de Flashmob México, en un programa de radio. Un grupo de personas infiltradas en algún lugar y aparentemente inconexas, comienzan a actuar al unísono por un momento y de pronto vuelven a su estado natural como si nada y se dispersan. ¿Por qué? ¿Para qué? La respuesta más generalizada de los organizadores de flash mobs es la diversión.
Existen diferentes modalidades del flash mob, desde un baile multitudinario que sale de la nada hasta el freeze o el MP3 experiment. En el freeze, como su nombre lo indica, los involucrados se quedan inmóviles dejando con el mayor asombro a los incautos que pasan por el lugar. El MP3 experiment, es la modalidad que más me recuerda al clásico juego de “Simón dice…”; los “agentes”, como los llama Salame, llevan audífonos por los que se les transmiten órdenes que deben cumplir; nadie pierde, todos hacen al pie de la letra lo que se les indica, ese es el chiste.
Al dar un vistazo por las redes sociales se observa que los actores de un flash mob se sienten emocionados, efectivamente divertidos y en muchas ocasiones orgullosos de su participación, pues unos catalogan su hazaña de irreverente y otros más le atribuyen efectos de moraleja social: “Demostramos el valor que tenemos los mexicanos de organizarnos”, diría un joven “luchamos contra el estigma de que no hay manera de ponernos de acuerdo entre nosotros”; otro joven pronunciándose contra la inseguridad del país diría “la idea es salir a la calle, retomar lo que es nuestro”; Salame, hace mucho énfasis en el trabajo de equipo, baste su testimonio luego de la “misión” de “En calzones en el metro”:
¿Por qué? preguntó mucha gente. Primero que nada para divertirnos, salir de lo cotidiano y sacar de lo cotidiano a los cotidianos, también intentamos transmitir a la sociedad el valor de la organización. Nosotros en cada misión comprobamos que se puede trabajar en equipo aún sin conocernos. Si así fuera, viviríamos mucho mejor. Hoy algo más descubrimos. Durante mucho tiempo ya en las noticias de nuestro país, escuchamos noticias desagradables, muchas muertes, crímenes, trampas de dirigentes, etc. Hoy todos los que somos responsables de Flashmob México, logramos colocar una noticia agradable en casi todos los medios del país.[2]
La intención es inofensiva, el mismo Salame la bautiza de “terrorismo buena onda”[3]. Es poco probable que un grupo como el suyo lleve a un montón de gente deseosa de diversión a realizar un acto que dañe la integridad física de otros mexicanos. Sólo se trata de pasar el tiempo y demostrar que es posible organizarse. Los grandes problemas alrededor del flash mob son otros: ¿Esas mismas personas que se bajan los pantalones en el metro o que fingen dormir a rienda suelta en la calle estarían dispuestas a trabajar en algo constructivo para el país? ¿El que reaccionen al unísono en cinco minutos es algo plausible o lamentable?
Dice Salame, “somos como agentes encubiertos, entonces, tú tienes que saber lo único que tienes que saber de información para hacer la misión, tienes que recibirla muy poco tiempo antes de que suceda y seguir las instrucciones al pie de la letra”[4]. ¡Padrísimo! No tienes qué pensar, una voz por MP3 te garantiza la diversión y sólo debes seguirla. ¡Hasta para divertirse, alguien tiene que dar la señal porque los adultos quieren seguir jugando al “Simón dice”! El flash mob puede demostrar una capacidad grandiosa de organización y también, tristemente, un enorme deseo de ser controlado, de que otro venga y diga lo que voy a hacer con tal de no pensar. Lo irónico del caso, es que los “agentes encubiertos” se sienten irreverentes, innovadores y hasta libres. Es un no seguir a los demás siguiéndolos, una rebeldía borreguil.
Seriamente reitero que no dudo de las buenas intenciones de Isaac Salame y su grupo ni de las de los otros organizadores de flash mobs que haya en el mundo. Sólo quisiera reivindicar el valor de lo realmente cotidiano y de lo que, a mi parecer, debería ser la organización que nos enorgullezca.
Lo que ocurre todos los días puede ser extraordinario; la lluvia del verano, el perro que ladra cuando pasas corriendo junto a su puerta, la coladera en la calle. Para que un día sea memorable no hace falta comportarse como un títere de Simón, basta con observar un poco más; esa lluvia espantosa que provoca el caos vial puede refrescarte si te bajas del micro y la tomas a la ligera; el odioso perro del vecino puede ser un aliado para despertar el zombi que se dirige al trabajo medio dormido; y por supuesto, la coladera de la calle puede ser un instrumento musical. Para esto no se necesita estar dopado ni borracho ni enamorado; basta tener abiertos los sentidos a la experiencia, nada más.
Ahora, lo cotidiano puede verse como rutina y qué es la rutina sino algo que se repite una y otra vez. Bueno, hay cosas inevitables de repetir y pueden ser desagradables como ponerse la inyección de insulina todos los días o ir al trabajo aunque no se tenga ganas; pero también hay cosas que son rutina porque queremos, porque nos gustan mucho y no estaríamos dispuestos a dejarlas de hacer. ¿Por qué luchar contra lo cotidiano entonces?
El asunto de la organización es más complejo, no se trata de darse una fumada de optimismo poético ni de dejarse llevar por las maravillas del paisaje diario, sino de pensarla en serio y comunicar. Organizar puede definirse según la el Diccionario de la Real Academia como “establecer o reformar algo para lograr un fin, coordinando las personas y los medios adecuados” o “poner algo en orden”; esto sería en términos muy generales, pero si nos metiéramos un poco a las ciencias administrativas veríamos que la organización funge como una etapa del proceso administrativo, el cual se integra de planeación, organización, dirección y control; es decir, organización implica necesariamente planeación y esta nos lleva indiscutiblemente a la acción de pensar. No cabe duda que un kamikaze obedece órdenes planificadas por otros; que en las fábricas los obreros mecanizados y víctimas de la división del trabajo siguen el plan que sus superiores les han trazado; los “agentes” improvisados del flash mob se mueven al son que les canta un Simón, quien planificó hasta el último detalle. Sí, todo eso es organización, pero no la organización de la que un mexicano deba enorgullecerse.
La buena organización no se improvisa. Es producto de la preparación de todos los que intervienen en ella, de sus ideas pensadas, repensadas, contrastadas, puestas a prueba. La buena organización debe surgir del consenso racional y plenamente consciente de todos los involucrados. Y para que ese consenso sea factible se requiere verdadera comunicación. Parece mentira, en un tiempo en el que todos hablan de comunicación y en el que los medios de comunicación han avanzado a pasos agigantados, cada vez se pierde más el sentido de la palabra. Comunicar no es dar una orden y que otro la siga a pie juntillas, comunicar no es difundir un mensaje al infinito. Comunicar es emitir un mensaje a un determinado oyente y escuchar a ese otro que nos replica el mensaje; es un ir y venir, es un correr de ideas en ambas direcciones.
Parece que a la Madeja el tiempo de lluvias la convirtió en aguafiestas. “Si los flash mobs son una chulada, sólo intentan desestresar a la gente y dejarles una sonrisa en la boca”. Sí, está padrísimo, en una de esas y me convierto en “agente encubierto” para experimentar en carne propia lo que se siente y claro divertirme a lo bestia; pero si lo hago será con la consciencia de que es una mera diversión ocasional incapaz de distraerme de lo importante y del estrés justo que debo sentir para que mi país me duela. Desde este blog y desde la trinchera de mi vida cotidiana seguiré pugnando por un México mejor organizado; donde cada ciudadano piense por sí mismo y pueda expresar sus ideas en un ambiente de cordialidad y tolerancia.
Entonces qué, cuando Simón diga ¿le contestarás simón?
Madeja Lazos.
[1] Isaac Salame Farca, líder de Flashmob México en el programa de Martha Debayle en W, 5 ene 2012 http://www.wradio.com.mx/noticia/isaac-salame-farca-lider-flashmob-mexico-flashmobs/20120105/oir/1602319.aspx 21 jun 2012.
[3] Isaac Salame Farca, líder de Flashmob México en el programa de Martha Debayle en W, 5 ene 2012 http://www.wradio.com.mx/noticia/isaac-salame-farca-lider-flashmob-mexico-flashmobs/20120105/oir/1602319.aspx 21 jun 2012.
[4] Ibíd.

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