jueves, julio 26, 2012

Música

Por Berto Naviera.
Tema musical: "O Adonis" (1991),
compuesto e interpretado por Angélique Ionatos.


Sublime… Trágica…
Sappho de Mytilene
Angélique Ionatos 
Un intenso rojo crepuscular brilla en la bóveda celeste sobre nuestras cabezas. A la orilla del Egeo, impulsado por este cielo bermejo que techa mi mundo, sueño con playas en donde la infinita arena se tiñe de carmesí con la sangre de mis hermanos muertos y, los cuervos, como la noche que sigue a la luz del día, cubren sus cuerpos exánimes. El estruendo de las armas chocando, cortando, perforado, aplastando la carne y los huesos de aquellos hombres que se declararon enemigos, aturden los sentidos. ¿Cuál es el motivo de esta guerra? ¿Por qué mis hermanos de sangre y de raza están siendo masacrados? El denso manto de pieles del dios Marte cubre mi pueblo y mi tierra.

¿Dónde te encuentras ahora hermosa espartana? En mis ojos vive aún la imagen de tu grácil y gentil figura, tu áureo pelo acariciado por el céfiro sigue ondeando entre mis sueños, tus profundos ojos esmeraldas, como el mar que soportó la nave que te trajo hasta mi tierra, me miran tras la tenue cortina de la incertidumbre. Mis oídos vibran aún con los trinos de tu roja boca y en mi piel arde todavía la hoguera que encendió tu claro cuerpo y tus caricias. Pero ahora has desaparecido del campo que pueden ver mis ojos y mis oídos no logran escuchar tu voz de trino y mi seca piel se enfría en tu ausencia. ¿Fuiste tú, realmente, quién estuvo entre los altos muros del reino de Príamo? ¿Fuiste tú quién viajó, por amor, al reino de mi padre desde la otra orilla del Egeo? Tu presencia observa desde la bruma del recuerdo incierto y tu silueta se esfuma entre volutas del deseo.

En tanto, Paris duerme su propia fantasía.

El primogénito troyano deja atrás el portón y las murallas para jugar a la guerra con Aquiles y ganar su viaje al reino de El Invisible en la afilada punta de la espada del héroe de Larisa, mientras Andrómaca, transida, vierte en aguas marinas su amor arrebatado y Escamandro inaugura su orfandad.

¿Y tú, has estado alguna vez aquí, en el reino de mi padre?

Desde tus grandes ojos profundos, silenciosa, miras con asombro las altas murallas doradas de Troya y el enorme portón de oscuro maderamen que abrió sus hojas para dejar pasar su nueva hija qué viene envuelta en oro y en muerte. Príamo, los dioses hoy no te serán leales, perderás primogénito, vida y reino.

En tanto Paris, duerme su propia fantasía.

¿Helena, eres real, has estado alguna vez aquí, en el reino de mi padre?

—Yo jamás subí a tu barca azul.

El rey de Troya vela el cuerpo muerto del domador de caballos. Lleva el cuerpo del primogénito de Troya acunado entre sus brazos de guerrero antiguo y lo coloca en la cima de la funeraria pira que lo llevará a la rivera de la Estigia. Dos óbolos pagarán su paso. El Barquero cantará para él canciones de honor y eternidad. Héctor, tu nombre pertenece ya a la Eternidad. Igual que los besos del rey Príamo pagaron las exequias del héroe troyano, los besos de Briseida han librado de su prisión al guerrero de Larisa, ya no necesita más la guerra, el hijo de Peleo ha amado. Aquel que ha abierto, por amor, este mortal círculo, lo cierra, con su fatal saeta, por venganza. Pero todo está perdido. El tiempo de Eneas ha iniciado.

En tanto Paris, duerme su propia fantasía.



1 comentario:

Anónimo dijo...

Qué buen ejercicio. Felicitaciones.