jueves, enero 10, 2013

Música

      
Por: Berto Naviera.
Tema musical: Neptuno el místico. 
Suite de 7 movimientos Los planetas op.32. (1914-1916)
Álbum: The Planets (1976)
Autor: Gustav Holst.
Intérprete: Isao Tomita.


LA LLEGADA

¿Quién iba a pensar que era cierto? ¡Brrrrrst! ¡Brrrrrst! ¡Brrrrrst! ¡Brrrrrst! Hay un sonido extraño en lo profundo de la oscuridad, desconcertante, como si proviniera de mil lados a la vez. Amenazante, se acerca cada vez más y más y yo sé de cierto que es riesgoso esperar a que aparezca la cosa que lo produce. No lo entiendo, no alcanzo a comprenderlo, sólo sé que no es prudente esperar su aparición ¡Brrrrrst! ¡Brrrrrst! ¡Brrrrrst! ¡Brrrrrst! El extraño sonido se hace más potente e insistente, más urgente. Dentro de mí algo se mueve, incierto, indefinible; algo siento reaccionar en mí interior.

         El despertador ha interrumpido mi sueño, un sueño extraño, influenciado tal vez por las noticias nocturnas y amenazantes. Despierto, la clara penumbra en la ventana me avisa que el amanecer está cercano. El reloj marca las seis con treinta de la mañana y hay que prepararse para ir al trabajo. La ducha tibia me reconforta y pone a tono mi sistema nervioso, listo para un día más de labor. El incitante aroma del café termina exterminando los restos de modorra que aún permanecían pegados a mis párpados. Salgo de la casa, me recibe una mañana clara, despejada, fría, soleada con ese inútil brillante sol de invierno que no sirve para calentarse. Es diciembre, la mayoría de la gente ya está de vacaciones y la ciudad está más tranquila, será más fácil y rápido llegar al trabajo.

         Es un día casi ordinario, sin embargo, aunque el hospital está tranquilo y casi vacío, hay una ambiente extraño que flota sobre la ciudad y que va invadiendo todos los resquicios, una cierta amenaza que no se alcanza a vislumbrar. Los rumores han alcanzado la calle, los cafés, las oficinas. La gente voltea al cielo y observa: ¡no hay nada ahí!, el cielo continúa completamente despejado, el día transcurre sin incidencias, los niños corretean y juegan y los hombres pasean a sus perros. Pero el presagio permanece presente y constante aunque invisible. Hace ya varios días que los anuncios se han incrementado. Hace años que sabemos lo que pudiera suceder.

         A las seis de la tarde salgo de mi turno, me dirijo a la cafetería de Fran por el expresso cortado de todas las tardes. El sol se pone e incendia el horizonte con llamaradas ocres, rojas, naranjas, amarillas, rosadas y va fundiendo el resto del firmamento sobre nuestras cabezas en un añil profundo e inquietante. Hay gente aún en las calles. Me dirijo a la parada del autobús que me llevará a casa.

         Para cuando llego a mi hogar el día ha oscurecido por completo y casi nadie permanece en la calle. El frío invernal se siente más fuerte por las tardes y el viento sopla aumentando esa sensación helada que cala hasta los huesos; es seguro que ese es el motivo por el que las calles se ven ahora vacías y los ventanales de las casas del barrio se iluminan con colores festivos navideños; nuestro año llega a su fin. Sin embargo la zozobra es ahora más intensa. Me asomo para ver una calle vacía, sin gente, sin niños, sin autos, sin perros.

          Enciendo el aparato de sonido y pongo música suave, ya no quiero oír noticias, esta noche quiero dormir sereno y tranquilo; no más sueños apocalípticos e inquietantes. Me asomo por última vez a una calle completamente vacía y extrañamente oscura.

         ¡Brrrrrst! ¡Brrrrrst! ¡Brrrrrst! ¡Brrrrrst! Otra vez el despertador sonando, otra vez a despertar. ¡Brrrrrst! ¡Brrrrrst! ¡Brrrrrst! ¡Brrrrrst! El sueño se va despejando poco a poco, el despertador no deja de sonar. ¡Brrrrrst! ¡Brrrrrst! ¡Brrrrrst! ¡Brrrrrst! ¡Ese ruido no puede ser mi despertador! Siento vibrar el piso bajo mi cama, en la ventana no aparece la cotidiana claridad sino una oscuridad intensa, ahogante, pesada. ¡Brrrrrst! ¡Brrrrrst! ¡Brrrrrst! ¡Brrrrrst! El zumbido vuelve a retumbar. No quiero abrir los ojos. ¡Ellos han llegado! No quiero abrir los ojos. No quiero despertar.



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