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jueves, mayo 24, 2012

Ensayo

Por Madeja Lazos.
Ilustración de Jonay.

EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE

Los amigos se cuentan con los dedos de la mano, dicen, y sólo uno destaca entre los demás. ¡Ah! pero muchos habrá que ni un amigo tengan, así que quien lo posea encontró un tesoro, puede sentirse más dichoso que un magnate… Así la serie de frases se extiende al infinito. En el caso específico de “el mejor amigo del hombre” todos entendemos que se trata de un perro. El mejor, el número uno es un perro.

Perra vida
Jonay
          ¿Por qué ha de ser así? ¿Por qué tuvo tanto éxito una idea semejante? ¿Quién es un perro? “Son amigables y juguetones”, “protegen la casa con sus ladridos”, “no son taimados como los gatos” ¡Ah! porque los gatos son otra cosa, ¿prefieres perro o gato? De tu respuesta puede depender tu futuro, con quién te juntarás, la música que escucharás, el humor con que recibirás una mañana soleada. Los gatos se van de casa y no vuelven en muchos días, los perros en cambio son fieles. Pero demos un vistazo a los argumentos del discurso de  George Graham Vest, abogado que acuñó la frase:

Caballeros del jurado, el perro de un hombre está a su lado en la prosperidad y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad. Dormirá en el frío piso donde sopla el viento y cae la nieve, sólo para estar junto a su amo.
          Besará la mano que no tenga comida para ofrecerle, lamerá las heridas y amarguras que produce el enfrentamiento con el áspero mundo.
          Si la desgracia deja a su amo sin hogar y amigos, el confiado perro sólo pide el privilegio de acompañar a su amo para defenderle contra todos sus enemigos.
          Y cuando llega el último acto, y la muerte hace su aparición y el cuerpo es enterrado en la fría tierra, no importa que todos los amigos hayan partido. Allí junto a la tumba, se quedará el noble animal, su cabeza entre sus patas, los ojos tristes pero abiertos y alertas, noble y sincero, más allá de la muerte.[1]
           
            El mayor interés del can es acompañar a su amo o dueño. ¡Cómo! ¿No es su amigo? No, la frase dice “el mejor amigo del hombre” no “el mejor amigo del perro” ¿A quién le interesa saber quién es el mejor amigo del perro? Por supuesto no a los hombres o, ¿acaso son perros? El hombre es una figura de poder frente al animal, lo domina, lo posee y puede hacer con él lo que le plazca; pues el animal como quiera lo seguirá, incluso en las situaciones más adversas de hambre y frío. ¿Y qué le interesa al hombre según el argumento de Graham? Que le laman las heridas sin cuestionamientos, el perro sólo acompaña y defiende, no constituye en ningún momento un reclamo. Es el que continúa cuando todos se han ido, es fiel incluso después de la muerte. Si el buen Berganza pasó de un amo a otro fue porque seguramente Cervantes no estaba enterado de estos deberes tan altos y nobles que a la especie le corresponden.
            Es evidente que esta imagen de perro está idealizada. Cada animal tiene su propio temperamento y cada cual reacciona ante su dueño como le viene en gana. Podemos ver desde el que le lleva las pantuflas a su amo hasta el que lo ataca e incluso se lo come por hambre. El afecto se gana con las acciones cotidianas. Y sí, en muchos casos lamentables el hombre no es amigo del perro ni le interesa serlo. Lo tiene para su propio beneficio, para que aleje a los ladrones, para que lo acompañe, para colgarle moños ridículos que él no se pondría, o camisetas de equipos de futbol, para hacerlo sentarse y pararse a su antojo por una mísera croqueta, para descargar su ira con gritos estridentes y golpes, para pasearse con él como si fuera un accesorio de su atuendo.
            Pero por cruel que parezca todo esto no es lo más alarmante. “El perro es el mejor amigo del hombre”, ¿por qué no el mismo hombre? Porque un hombre habla y opina, porque es capaz de no acatar, porque no tan fácilmente salta por una croqueta, porque no mima las heridas sin sopesar el valor de la pena, porque cuestiona. El hombre, en el discurso de Graham y de muchos pseudo-canófilos, es el que abandona al otro en su primera desgracia, el que engaña, el que se aprovecha y luego se marcha por interesado. Ideas que reflejan una enorme desconfianza en el género humano, desconfianza que tiene su causa en cada uno de los que defienden esta postura. ¿Pues acaso no son ellos mismos hombres? Hombres a los que seguramente no les gustaría ser considerados perros. Pues si  bien, los canes son muy fieles, por lo mismo sufren de mala fama en la creencia popular.
            Tener vida de perro es llevar una vida precaria y desagradable en extremo. El perro es el que se humilla, el que vale poco, el patético. Recuerdo un viejo bolero muy explicito que dice: “Por querer la miel amarga de tus besos, hoy se tiene que arrastrar mi dignidad,  por amor, por compasión, no me abandones, que tirado a tus pies, como un perro estaré de día y de noche”. La dádiva, la abnegación y la fidelidad son deseables pero difícilmente algo que se ofrezca. ¿Quién asume una vida de perro? ¿Quién se comprometería a dar como un perro? ¿Quién sería amigo en condiciones semejantes?
            Podemos observar con claridad que en el fondo el “amigo”, en  “el mejor amigo del hombre”, es el que da sin recibir irracionalmente y se hace menos; un “noble y fiel” compañero al que nada se le ha de dar, un ser dócil que acepta sin objetar, incluso maltratos, y que permanece cerca por el “privilegio” de estar junto a su amo; un ser susceptible de amaestrarse al entero antojo de quien lo manda, que brinca por un premio y tolera todos los malos humores, los arranques de pesimismo, las depresiones  ¿Qué es esto? ¿Amistad o tiranía? Hasta el valor de la fidelidad es sobajado. Cabría preguntarse en qué concepto tenemos la amistad, de quién es amigo el hombre y qué puede otorgar él al resto del planeta. El mejor amigo del hombre puede ser el hombre.