jueves, octubre 04, 2012

Qué leer

Por Vladimir Espinosa Román.



ODA DE HORACIO E IMITACIÓN DE FRAY LUIS DE LEÓN



Introducción


La grandiosidad de los poetas inmortales de la literatura radica en que hasta nuestros días se siguen leyendo y además, ellos son engendradores de otros poetas, como es el caso particular de Horacio. El vate latino venusino fue inspirador y motivador de un gran número de poetas. Si quisiéramos enumerarlos por épocas en todo el mundo, no acabaríamos. Así que sólo mencionaremos a los poetas de México y haremos un análisis comparativo en este sencillo trabajo de la “Imitación de Horacio, Oda IX, libro II”, del poeta español Fray Luis de León con el “Carmina II, Oda IX” de Horacio. De los mexicanos tenemos a Fray Diego Valadés, Francisco Hernández, Sor Juana Inés de la Cruz, Cayetano de Cabrera y Quintero, Diego José Abad, Francisco Javier Alegre, Joaquín Arcadio Pagaza, Manuel M. Flores, Salvador Díaz Mirón, Ambrosio Ramírez, Joaquín Demetrio Casasús, Manuel José Othón, Manuel Gutiérrez Nájera, Luis G. Urbina, Amado Nervo, Enrique González Martínez, Federico Escobedo Tinoco, Octaviano Valdés, Alfonso Méndez Plancarte y Rubén Bonifaz Nuño, [1] por mencionar algunos. Tan sólo con leer unas cuantas odas de Horacio nos mueve fácil a la poesía, como Palida mors, Beatus ille, Carpe Diem y Exegi monumentum. Para convertirse en poeta en el renacimiento era necesario primero ser traductor y estudioso de Horacio. Ese fue el hecho acontecido con Fray Luis, que de simple religioso y teólogo pasó a ser pilar de la poesía española. Quizás no de manera intencional, pero al ejercitarse con Horacio en el latín y al reflexionar poéticamente sobre la vida ha llegado al santuario de los inmortales de la humanidad. El poema más famoso de Fray Luis de León Vida retirada, lo es tanto por la inauguración de la palabra mundanal en el español, como su musicalidad, contenido y rima. Lo mismo podemos decir de sus adaptaciones poéticas, más que traducciones, de Horacio, pues en todas ellas hay armonía, ritmo, rima y sonoridad poética.

La Oda de Horacio y la Imitación de Fray Luis de León


En la primera estrofa de la oda de Horacio especifica el mar y de dónde proviene el hielo. En los primeros versos de la imitación de fray Luis no están marcados los lugares, los cuales serían el mar Caspio y el hielo de Armenia, entendiendo que es porque a fray Luis no le interesa señalarlos en su adaptación poética.

          Non semper imbres nubibus hispidos
          Manant in agros aut mare Caspium
          Vexant inaequales procellae
          Vsque, nec Armeniis in oris,

          No siempre descendiendo
          la lluvia de las nubes baña el suelo;
          ni siempre está cubriendo
          la tierra el torpe hielo;
          ni está la mar salada


En la segunda estrofa, Horacio pone el nombre de su amigo a quien escribe la oda, usando la segunda persona para referirse a él, pero fray Luis suprime el nombre de Valgio, pues su imitación es para otra persona que señala en la estrofa tercera, además de señalar la idea del mar:

          Amice Valgi,stat glacies iners
          Menses per omnes aut aquilonibus
          Querqueta Gargani laborant
          Et foliis uidiuantur orni.

          Siempre con tempestades alterada.
          Ni en la áspera montaña
          los vientos de contino [2], haciendo guerra
          ejecutan su saña;


En la tercera estrofa Horacio le dice a Valgio que siempre se encuentra abatido por los amores a Myste, en cambio fray Luis habla de la madre de la persona a quien dedica su obra de imitación, a especie de poesía elegíaca, dando a entender que murió. Horacio también señala la muerte de la amada de Valgio:

          Tu semper urges flebilibus modis
          Mysten ademptum,nec tibi Vespero
          Surgente decedunt amores

          Mas tú continuamente
          insistes en llorar a tu robada
          madre, con voz doliente.


Todavía en la tercera estrofa y continuando la cuarta, Fray Luis hace el contraste de noche y día al igual que Horacio, marcando que el tiempo ha transcurrido y no se le quita el dolor y pesar por la muerte de la madre amada. Después Horacio pone un exemplum de La Ilíada, de los héroes mitológicos, para decirle a su amigo que ni los familiares de aquellos que murieron, lamentaron mucho tiempo la desgracia de sus muertes, y de esta manera trata de exhortarlo para levantarle el ánimo. Fray Luis toma también el exemplum de Horacio que se acomoda bien a su imitación y a lo que quiere decir a la persona que le escribe.


La quinta y sexta estrofa las suprime totalmente fray Luis, pues en ellas Horacio habla de la invitación a cantar al Cesar, de alegrarse y de olvidarse del sufrimiento, elementos que para el contexto que le quiere dar fray Luis a su imitación poética no le sirven. Utiliza veinticinco versos tomados de Horacio y continúa con otros diecisiete que sin lugar a dudas son de él. En ellos parece que se refiere a una mujer que él ama, ésta perdió a su madre y el dolor de ella le hace sufrir también a fray Luis que la ama. Su corazón ha sido capturado, ella al ignorarlo lo mata, ya que su pasión fervorosa por la amada lo consume en ardientes deseos. Ella lo abandonó haciendo perecer su esperanza de tenerla a su lado y aniquilando la alegría, mas su fe ha amparado y consolado a fray Luis, quien cada día vive fortalecido por la roca inamovible de la fe. Avergonzado, pide perdón de su amor.

A continuación pongo los versos más relevantes:

          O tus duras porfías,
          Que convierten en ríos
          Los siempre lagrimosos ojos míos

          Di cómo me robaste
          De en medio el tierno pecho,el alma y vida;

          Y cómo aunque fallece
          En mí ya la esperanza y alegría,
          La fe viviendo crece

          Más firme cada día;
          Y siendo el agraviado,
          Perdón ante tus pies pido humillado.

Antes de terminar pongo la Oda completa de Horacio y la imitación de Fray Luis de León, además de citar una traducción prosificada de la oda de Horacio:

          HORACIO., Carm. 2,9.


          Non semper imbres nubibus hispidos
          Manant in agros aut mare Caspium
          Vexant inaequales procellae
          Vsque,nec Armeniis in oris,

          Amice Valgi, stat glacies iners
          Menses per omnes aut aquilonibus
          Querqueta Gargani laborant
          Et foliis uiduantur orni.

          Tu semper urges flebilibus modis
          Mysten ademptum, nec tibi Vespero
          Surgente decedunt amores
          Nec rapidum fugiente solem

          At non ter aeuo functus amabilem
          Plorauit omnes Antilochum senex
          Annos nec impubem parentes
          Troilon aut Phrygiae sorores

          Fleuere semper. Desine mollium
          Tandem querellarum [et potius noua
          Cantemus Augusti tropaea
          Caesaris et rigidum Niphaten

          Medumque flumen gentibus additum
          Victis minores uoluere uertices
          Intraque praescriptum Gelonos
          Exiguis equitare campis.]


          Imitación de la oda IX de Horacio

          No siempre descendiendo
          la lluvia de las nubes baña el suelo;
          ni siempre está cubriendo
          la tierra el torpe hielo;
          ni está la mar salada
          siempre con tempestades alterada.

          Ni en la áspera montaña
          los vientos de contino, haciendo guerra
          ejecutan su saña;
          ni siempre en la alta sierra,
          mitiga tu dolor, ni se anochece.
          desnuda la arboleda,
          sin hoja Nise, y sin verdor se queda.

          Mas tú continamente
          insistes en llorar a tu robada
          madre, con voz doliente;
          y ni la luz dorada
          del sol, cuando amanece.

          Pues no lloró al querido
          Antíloco sin fin el padre anciano,
          que tres edades vido;
          ni siempre en el troyano
          fue lamentado
          el príncipe Troilo, en flor cortado.

          Da fin a tus querellas;
          y, vuelta al dulce canto que solías,
          o canta mis centellas,
          o tus duras porfías,
          que convierten en ríos
          los siempre lagrimosos ojos míos.

          Di cómo me robaste
          De en medio el tierno pecho, el alma y vida;
          di cómo me dejaste,
          nunca de mí ofendida:
          y cómo tú de ingrata
          te precias, y de amar yo a quien me mata.

          Y cómo, aunque fallece
          en mí ya la esperanza y alegría,
          la fe viviendo crece
          más firme cada día;
          y siendo el agraviado,
          perdón ante tus pies pido humillado.[3]

La traducción de la Oda en prosa la hizo el Doctor Alberto K. Bailey Gutiérrez, su idea fundamental fue desenmarañar lo ambiguo que puede existir en algunas traducciones poéticas, y su traducción tiene el propósito de explicar la belleza de la poesía de Horacio:


No siempre las lluvias caen sobre los ásperos campos, ni las locas tempestades agitan sin cesar al mar Caspio, ni en las costas armenias,


amigo Valgio, permanece el hielo inerte todos los meses (del año), ni las encinas del Gárgano son combatidas por el Aquilón, ni los olmos despojados de sus hojas;


tú, (empero) sigues con versos llorosos a Miste desaparecido, no se calman tus amores cuando surge (la estrella de) la tarde ni cuando escapa el rápido sol.


Sin embargo, el anciano Néstor que llenó tres edades, no lloró todos los años al amable Antíloco, ni los padres y hermanas troyanas lloraron siempre al joven Troilo.


Deja tus blandos lamentos y cantemos más bien a los nuevos trofeos de César Augusto y al rígido Nifate


y al río Medo que, agregado (ahora) a las tierras conquistadas, rueda con menores olas y a los Gelonos (que) entre los (límites) prescritos, cabalgan en pequeños campos. [4]


Dice David López Castillo en su Antología poética del Siglo de Oro: “Si hay un tema recurrente en las odas de fray Luis de León es, sin duda, la voluntad de huir de “aqueste mundo malvado”, como le llama en la décima A la salida de la cárcel. El ambiente universitario salmantino era entonces, en palabras de Pedro Salinas, “un pequeño mundo dividido por discordias personales y doctrinales”(…)” [5]. Esto nos alumbra el panorama para entender que fray Luis de León no sólo luchaba con sus pasiones internas para alcanzar la espiritualidad, sino que también tenía que luchar en circunstancias clericales que se envolvían en envidias y pleitos personales más que doctrinales para obtener el poder y favor del Papa y los obispos. No obstante a todas estas vicisitudes, fray Luis pudo sobrevivir literariamente con su obra poética, esto fue debido a su sencillez humana y su deseo por el estudio filosófico y por la devoción espiritual. Todas estas características se ven reflejadas en su poesía, como tenemos en sus primeros versos de Vida retirada:

          ¡Qué descansada vida
          la del que huye el mundanal ruido,
          y sigue la escondida
          senda por donde han ido
          los pocos sabios que en el mundo han sido![6]


Fiel conocedor de la métrica española, fray Luis que no sólo escribe poesía sino adapta, transforma y regenera a los clásicos, embellece a Horacio y lo castellaniza. En sus poemas tenemos sinalefas, diéresis, encabalgamientos, rimas y estrofas, como lo refiere Quilis [7]. Significa que fray Luis trabajó una poesía estudiada y cuasi perfecta en todos los sentidos.

Conclusiones


Adaptar y traducir en cualquier lengua no es fácil, como tampoco lo es el crear de manera artística. Fray Luis de León al consagrarse como traductor de Horacio se convierte en poeta del poeta, ya que hace poesía de la poesía. Esto nos conlleva a pensar que dominaba los hexámetros latinos y a su vez las reglas de métrica y poética para poder transmitir lo que él quería a aquellos que pudieran descubrir su obra. Huyente del mundanal ruido, pero más de la distracción mundana de los conflictos personales de los frailes por el poder, fray Luis se concentra en el estudio de las letras, en las virtudes teologales y en el cavilar sobre la vida y la muerte, la existencia y Dios. Cristianiza a Horacio, pero también lo castellaniza, como fiel artista creador.


Notas:
[1] Un análisis más conspicuo y minucioso al respecto de la influencia de Horacio en los poetas mexicanos lo hace Tarsicio HERRERA ZAPIÉN, en México exalta y censura a Horacio, México, UNAM, 1991, 329pp.
[2] Evidentemente aquí tenemos un arcaísmo de origen latino, pues la palabra es continuo, que viene de Continere,contineo, continui, contentum del latín, Julio PIMENTEL ÁLVAREZ, Diccionario Latín español, español latín, México, Porrúa, 1998, p. 178.
[3] DE LEÓN, Fray Luis, Poesías, (Dirección y selección de Ernesto Sábato), Buenos Aires, Losada, 1998, pp. 183-184.
[4] BAILEY GUTIÉRREZ, Alberto K, Horacio, dos mil años de antigüedad, La Paz Bolivia, Plural editores, 2001, p. 167.
[5] David LÓPEZ CASTILLO, Antología Poética del Siglo de Oro, Madrid, Castalia, 2010, p. 277.
[6] María Rosa PALAZÓN MAYORAL et al, Antología de la poesía en lengua española siglos XVI y XVII, México, UNAM, 2ª edición 1999, p. 48.
[7] Antonio QUILIS, Métrica española, Barcelona, Ariel, 2007, p226.

Bibliografía


LÓPEZ CASTILLO, David, Antología Poética del Siglo de Oro, Madrid, Castalia, 2010.
PALAZÓN MAYORAL, María Rosa, et al, Antología de la poesía en lengua española siglos XVI y XVII, México, UNAM, 2ª edición 1999.
QUILIS, Antonio, Métrica española, Barcelona, Ariel, 2007.
BAILEY GUTIÉRREZ, Alberto K, Horacio, dos mil años de antigüedad, La Paz Bolivia, Plural editores, 2001.
PIMENTEL ÁLVAREZ, Julio, Diccionario Latín español, español latín, México, Porrúa, 1998.
HERRERA ZAPIÉN, Tarsicio, México exalta y censura a Horacio, México, UNAM, 1991.
DE LEÓN, Fray Luis, Poesías, (Dirección y selección de Ernesto Sábato), Buenos Aires, Losada, 1998.


No hay comentarios: