jueves, noviembre 08, 2012

Ensayo

Por Madeja Lazos.
Con fotografía de Jonay.

LOS SABORES DE LA MUERTE


Pocas cosas en el mundo tienen tantos sabores como la muerte. De ella se puede esperar cualquier cosa… ¿qué prefieres?, ¿ácido, amargo, dulce, picante, mentolado?, la tenemos en todas las presentaciones, para todas las edades, gustos y disgustos.

Lo ves, al ser que más amas, y ocasionalmente temes no verlo más, lo sientes vulnerable a la menor brisa, y se te eteriza la piel y presientes que su muerte tendría un gusto acre, un sabor que repetirías con cada latido del corazón. Pero pasa, porque está vivo, porque tu angustia surge de esa manía de leer relatos románticos desesperados, donde el amor y la muerte se besan en el tálamo. El niño pequeño camina seguro de la mano de sus padres, los juzga perpetuos, inmunes a todo.  La muerte no le sabe, no la imagina siquiera. Sin embargo, la ausencia está ahí para hacerla presente, pues por pequeña que sea tiene sabor de amargo desamparo. La madre puede ser la diferencia entre todo y nada. Ah, pero también hay muertes dulces, aunque no parezca. La anciana que ha sufrido una larga agonía vislumbra su final como un descanso para ella y sus seres queridos. El suicida afligido por la angustia y el vacío pretende hallar en su muerte el fin de sus sufrimientos.

El sabor de la muerte depende, pues, de las circunstancias de la vida. Así que vamos por ahí salpimentando nuestra partida sin receta; con sonrisas, enojos, trabajos, descuidos; un día estamos arriba y otro día abajo hasta que de pronto “se agotan los materiales” y punto final, hora de la degustación. Ese momento se nos va de las manos a pesar de todos los intentos por controlarlo; los testamentos se deshacen, las voluntades finales son soslayadas, el muerto se caracteriza por no hacer ni decir nada como el platillo que nos llevamos a la boca. Ya en el velorio, nos comemos al muerto… y a uno que otro vivo incauto, de eso se trata: Pan y cafecito cuando menos, puede haber rompope, chocolate, tequila, tamales. El menú va en relación al presupuesto. Oh, y cada año, el día de muertos, cómo olvidarlo si el estómago no lo hace.

México, muerte, tradición, sabores…

               Sí, dime, continúa

               Aléjese por favor, comprobaré sí aún corre la tinta.

               ¿Cómo? ¡No me diga que…!

               Amigo lector, lamento decirle que este ensayo ha muerto.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Se me eteriza o anestesia la piel por medio de éter? o ¿Se me eteriza o combina con éter la piel como sustancia? o ¿Se me eriza la piel?

Unknown dijo...

"vamos por ahí salpimentando nuestra partida"
¡Que frase! Me encanta....
No tienes idea de que tanta verdad encierra....
Gracias....