jueves, diciembre 20, 2012

Ensayo

Por: Madeja Lazos.
Con ilustración de Rocamadour.

Con la inocencia sobre la lupa

Altazor ¿por qué perdiste tu primera serenidad?
Vicente Huidobro, Altazor Canto I.

Inocencia… la mera palabra nos resulta suave, diáfana, agradable al oído. Trae a nuestra mente una serie de imágenes comunes: el niño pequeño que nada sabe del mundo, la jovencita corriendo por los prados detrás de las mariposas y, por qué no, también a los enfermos mentales; aquellos a quienes no se les puede imputar ninguna responsabilidad. El inocente no tiene culpa ni la sospecha porque no conoce el mal, dicen. Todos somos inocentes hasta que no se demuestre lo contrario, dicta el derecho; así que todos estamos a la espera de un juicio y mientras tanto todos convivimos: inocentes, culpables invisibles, culpables inocentes, sin distinción.
         El conocimiento del mundo corrompe los corazones, dicen. El pequeño niño aprende a mentir viendo a sus padres, a sus maestros, a la sociedad; la espontaneidad se torna cálculo y la jovencita clava el alfiler en la mariposa; el abogado del asesino le recomienda hacerse pasar por demente para disminuir su pena; y el culpable, al fin de cuentas, es declarado inocente. Todos somos inocentes mientras no puedan probarnos lo contrario. Así seguimos conviviendo en una historia que se repite, dicen.
¿Y dónde queda la inocencia? En material para novelas rosas.
         La inocencia se pierde irremediablemente, dicen; pues, cuando se ha dado el primer paso en su detrimento, no hay vuelta atrás. Y tan fácil es este proceso que los niños ya no duran mucho siendo niños; hoy no juegan a lo que jugaban, hoy se atreven a lo que no se atrevían. Y la culpa se ha dado a la televisión, a la gente que impone modas, a las ideas que llegan de fuera... ¡culpable!, ¡culpable!, ¡culpable!... dicen.
         Mientras tanto, yo no digo nada, ni el otro, ni aquel… ¡Qué floja imagen de inocencia! ¡Qué maniquea! ¡Qué caricaturesca!
         El inocente está sobre la lupa. No en calidad de juez, sino en la de observador y creador del mundo que lo rodea. Ese ser suave, diáfano y agradable no necesita llevar sobre los hombros el peso de un juicio para moverse, aunque lo lleve. Puede ser un viejo conocedor del mundo que no es tan tonto para dejarse impresionar por verlo sucio; una mujer que ha caído pero que se ha sabido levantar; un loco más cuerdo que cualquiera. Un ser entero que no necesita estar a prueba para amar.
         La inocencia es una forma de ver al mundo y de actuar en consecuencia; sin optimismos irracionales, sin pesimismos congelantes. Inocencia es descubrir la luz en las tinieblas y propagarla. Y sí, al final, inocencia es sonreír como un niño, corretear tras las mariposas de la vida y ser considerado un loco por asumir la responsabilidad de ser feliz.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me agrada, no es tendencioso, es objetivo. Narrativa depurada, pero sin perder la escencia. En cuanto al tema, creo que la inocencia es a veces hasta mal vista, como si fuera algo malo, cuando alguien es inocente lo primero que se escucha es una burla, creo que por eso la mayoría de la gente procura perder la inocencia para evitar ser la comidilla de los demás. Creo que tambien se pierde por curiosidad, es como si se abrieran los ojos. Tienes toda la razón cuando dices que una vez que se da el primer paso, no hay vuelta atras. Recuerdo una frase que por ahi lei que dice mas menos así: "Antes de buscar la respuesta a tu pregunta, preguntate primero si estas preparado para la respuesta".

Roche