jueves, diciembre 27, 2012

Qué leer

Por Vladimir Espinosa Román.



TEORÍA DE LA RECEPCIÓN
EN “MI VIDA CON LA OLA” DE OCTAVIO PAZ


En los años sesenta existió una crisis en las universidades respecto a cómo valorar una obra literaria en cuanto al aspecto social y estético. En esas circunstancias de aquellos años nació una nueva teoría propuesta por dos alemanes: Hans Robert Jauss[i] y Wolfang Iser, quienes buscaron analizar las obras literarias desde una concepción estética vinculada a los problemas relativos a la percepción, fundamentada básicamente en dos problemáticas, la percepción estética como imprescindible para los textos literarios y, la noción de que la literatura es histórica y sólo puede ser comprendida como un resultado de mediaciones históricas. Así, mi propósito será en este trabajo, desentrañar la trama, los factores psicológicos, los personajes y los mensajes más relevantes de acuerdo con la teoría de la recepción, en el cuento “Mi vida con la ola” de Octavio Paz, que a mi parecer, no es otra cosa sino una metáfora literaria de una supuesta relación de una mujer en la vida de un hombre.

Hace ya bastante tiempo, en mi primera adolescencia a los trece años de edad, leí por primera vez el cuento “Mi vida con la ola” de Octavio Paz. En ese momento, en un ejercicio literario de la materia de Español, leímos de manera individual el cuento para responder un ejercicio. Yo me maravillé del cuento. Un hombre se enamora de una ola coqueta. La describe con profunda ternura en su enamoramiento y llega accidentalmente a su vida. El cuento, esa breve forma de escribir una pequeña historia inventada, nos hace volar con nuestra imaginación. Ya veía en aquellos años al hombre abrazando a la ola y escurriéndose ésta por sus brazos con su espuma de mar. Ya escuchaba yo cómo conversaba en el mar con ella en la playa. Ahora, pasados algunos años ya, no dejo de sorprenderme de la genialidad de la escritura, de la narración y del ingenio creador humano del escritor. ¿Cómo se podría interpretar el cuento? Trataremos de encontrar las marcas en la lectura para poder responder a esta pregunta y a las que se vayan generando en el texto.

1- Los personajes y el narrador

En nuestro cuento tenemos un ‘narrador omnisciente’, el cual va contando la historia de lo que le sucedió en un viaje a la playa, además de ser el protagonista. ¿Acaso este narrador que a la vez es el protagonista de la historia es el mismo Octavio Paz[ii]? Partiendo de esta hipótesis, le hemos puesto al narrador para fines prácticos así: Octavio. De tal manera que tenemos en el cuento a Octavio, como narrador y protagonista, a la Ola, personaje femenino que tiene atributos humanos, y por último, los pasajeros del tren, que son niños, una mujer, su marido, el conductor, el inspector, el policía, el capitán, tres agentes, el carcelero, el procurador y el juez penal, todos éstos, personajes secundarios de la historia.

2- Desarrollo de la historia

El desarrollo de la historia es simple: Un hombre narra su historia fantástica, al que bautizamos como Octavio. Se va de viaje al mar y conoce a la ola. Ésta se le cuelga de un brazo y se quiere ir con el protagonista a México[iii]. Significa que la ola es accidental, casual o fortuita. Trata de convencerla de que se quede en el mar pero no lo logra. Se suben al tren y la guarda en un depósito de agua. Los oponentes del tren, ya mencionados en el capítulo anterior, arman un escándalo porque quieren beber agua y está salada. Es encarcelado y liberado Octavio en un pueblo. Hasta aquí tenemos el planteamiento del cuento.

El clímax para mí es el enamoramiento de Octavio con la ola. Se aman, se acarician en el departamento cuando se encuentran, se poseen y en ese momento alcanzan una instantánea felicidad[iv].

El desenlace se desarrolla cuando se da cuenta de que no la ama y empieza a odiarla hasta deshacerse de ella.

3- Las acciones en el relato

las acciones en el relato permiten que avance la historia, se prolongue o detenga o se adelante súbitamente. Encontré las siguientes:

PROLEPSIS[v]

Esa misma tarde tomé el tren y luego de unas horas de viaje incómodo llegué a México. Tomé un taxi y me dirigí a casa. Al llegar a la puerta de mi departamento, oí risas y cantos. Sentí un dolor en el pecho, como el golpe de la ola de la sorpresa cuando la sorpresa nos golpea en pleno pecho: mi amiga estaba allí, cantando y riendo como siempre.
-¿cómo regresaste?
–Muy fácil: en el tren. Alguien, después de cerciorarse de que solo era agua salada, me arrojó en la locomotora. Fue un viaje agitado: de pronto era un penacho blanco de vapor, de pronto caía en lluvia fina sobre la máquina. Adelgacé mucho. Perdí muchas gotas.[vi]

ANALEPSIS[vii]

Entraba en sus aguas, me ahogaba a medias y en un cerrar de ojos me encontraba arriba, en lo alto del vértigo, misteriosamente suspendido, para caer después como una piedra, y sentirme suavemente depositado en lo seco, como una pluma. Nada es comparable a dormir mecido en las aguas, si no es despertar golpeado por mil alegres látigos ligeros, por arremetidas que se retiran riendo.[viii]

NUDO[ix]

Pero jamás llegué al centro de su ser. Nunca toqué el nudo del ay y de la muerte. Quizá en las olas no existe ese sitio secreto que hace vulnerable y mortal a la mujer, ese pequeño botón eléctrico donde todo se enlaza, se crispa y se yergue, para luego desfallecer. Su sensibilidad, como las mujeres, se propagaba en ondas, sólo que no eran ondas concéntricas, sino excéntricas, que se extendían cada vez más lejos, hasta tocar otros astros.
Amarla era prolongarse en contactos remotos, vibrar con estrellas lejanas que no sospechamos. Pero su centro… no, no-tenía centro, sino un vacío parecido al de los torbellinos, que me chupaba y me asfixiaba.[x]

4- Las líneas de acción más relevantes

Según mi personal perspectiva del cuento, las líneas de acción más importantes serían solamente tres: cuando conoce a la ola, cuando se enamora de ella y cuando la deja de amar:

Cuando dejé aquel mar, una ola se adelantó entre todas. Era esbelta y ligera. A pesar de los gritos de las otras, que la detenían por el vestido flotante, se colgó de mi brazo y se fue conmigo saltando. No quise decirle nada, porque me daba pena avergonzarla ante sus compañeras. Además, las miradas coléricas de las mayores me paralizaron.[xi]

¡Cuántas olas es una ola y cómo puede hacer playa o roca o rompeolas un muro, un pecho, una frente que corona de espumas! Hasta los rincones abandonados, los abyectos rincones del polvo y los detritus fueron tocados por sus manos ligeras. Todo se puso a sonreír y por todas partes brillaban dientes blancos. El sol entraba con gusto en las viejas habitaciones y se quedaba en casa por horas, cuando ya hacía tiempo que había abandonado las otras casas, el barrio, la ciudad, el país. Y varias noches, ya tarde, las escandalizadas estrellas lo vieron salir de mi casa a escondidas.[xii]

Un día no pude más; eché abajo la puerta y me arrojé sobre ellos. Ágiles y fantasmales, se me escapaban entre las manos mientras ella reía y me golpeaba hasta derribarme. Sentí que me ahogaba. Y cuando estaba a punto de morir, morado ya, me depositó en la orilla y comenzó a besarme, humillado. Y al mismo tiempo la voluptuosidad me hizo cerrar los ojos. Porque su voz era dulce y me hablaba de la muerte deliciosa de los ahogados. Cuando volví en mí, empecé a temerla y odiarla. Tenía descuidados mis asuntos. Empecé a frecuentar los amigos y reanudé viejas y queridas relaciones. Encontré a una amiga de juventud. Haciéndole jurar que me guardaría el secreto, le conté mi vida con la ola. Nada conmueve tanto a las mujeres como la posibilidad de salvar a un hombre.[xiii]

5- Acciones iniciales, mediales y finales

Las acciones iniciales son tres a mí entender:
La primera sería ésta:
-Cuando llegamos al pueblo, le expliqué que no podía ser, que la vida en la ciudad no era lo que ella pensaba en su ingenuidad de ola que nunca ha salido del mar. Me miró seria: “su decisión estaba tomada. No podía volver.” Intenté dulzura, dureza, ironía. Ella lloró, gritó, acarició, amenazó. Tuve que pedirle perdón.[xiv]

La segunda sería ésta:
-Al día siguiente empezaron mis penas. ¿Cómo subir al tren sin que nos vieran el conductor, los pasajeros, la policía? Es cierto que los reglamentos no dicen nada respecto al transporte de olas en los ferrocarriles, pero esa misma reserva era un indicio de la severidad con que se juzgaría nuestro acto. Tras de mucho cavilar me presenté en la estación una hora antes de la salida, ocupé mi asiento y, cuando nadie me veía, vacié el depósito de agua para los pasajeros; luego, cuidadosamente, vertí en él a mi amiga.[xv]

La tercera sería ésta:
-El capitán llamó a tres agentes. Los agentes me llevaron a un vagón solitario, entre las miradas y los cuchicheos de los pasajeros. En la primera estación me bajaron y a empujones me llevaron a la cárcel. Durante días no se me habló, excepto durante los largos interrogatorios. Cuando contaba mi caso nadie me creía, ni siquiera el carcelero, que movía la cabeza diciendo: “el asunto es grave, verdaderamente grave. ¿No había querido envenenar a unos niños?”. Una tarde me llevaron ante el Procurador.
–Su asunto es difícil. –Repitió. Voy a consignarlo al juez penal. Así pasó un año. Al fin me juzgaron. Como no había victimas, mi condena fue ligera. Al poco tiempo, llegó el día de la libertad.[xvi]

Las acciones mediales podrían ser también tres:

La primera:
-Esa misma tarde tomé el tren y luego de unas horas de viaje incómodo llegué a México. Tomé un taxi y me dirigí a casa. Al llegar a la puerta de mi departamento, oí risas y cantos. Sentí un dolor en el pecho, como el golpe de la ola de la sorpresa cuando la sorpresa nos golpea en pleno pecho: mi amiga estaba allí, cantando y riendo como siempre.[xvii]

La segunda:
-Su presencia era un ir y venir de caricias, de rumores, de besos. Entraba en sus aguas, me ahogaba a medias y en un cerrar de ojos me encontraba arriba, en lo alto del vértigo, misteriosamente suspendido, para caer después como una piedra, y sentirme suavemente depositado en lo seco, como una pluma.[xviii]

La tercera:
-Se puso fría; dormir era tiritar toda la noche y sentir cómo se helaba paulatinamente la sangre, los huesos, los pensamientos. Se volvió impenetrable, revuelta. Yo salía con frecuencia y mis ausencias eran cada vez más prolongadas. Ella, en su rincón, aullaba largamente. Con dientes acerados y lengua corrosiva roía los muros. Desmoronaba las paredes. Pasaba las noches en vela, haciéndome reproches.[xix]

Y por último, la acción final:
Estaba decidido. Había hecho tanto frío que encontré sobre el mármol de la chimenea junto al fuego extinto, una estatua de hielo. No me conmovió su aborrecida belleza. Le eché en un gran saco de lona y salí a la calle, con la dormida a cuestas. En un restaurante de las afueras la vendí a un cantinero amigo, que inmediatamente empezó a picarla en pequeños trozos, que depositó cuidadosamente en las cubetas donde se enfrían las botellas.[xx]

6- Tiempo narrativo

El tiempo narrativo es ordenado en el cuento. No hay brincos ni escenas del pasado. Hay dos periodos largos, el año en la cárcel y el mes que salió de casa y regresó nuestro Octavio:

-Una tarde me llevaron ante el Procurador.
–Su asunto es difícil. –Repitió. Voy a consignarlo al juez penal. Así pasó un año. Al fin me juzgaron. Como no había victimas, mi condena fue ligera. Al poco tiempo, llegó el día de la libertad.[xxi]

-Allá en las montañas, entre los altos pinos y los despeñaderos, respiré el aire frío y fino como un pensamiento de libertad. Al cabo de un mes regresé.[xxii]

7- Narrador

Como decíamos al principio hay un ‘narrador omnisciente’ en el cuento, el cual va contando la historia de lo que le sucedió en un viaje a la playa. Está dentro de la historia y forma parte de la historia. Participa de las acciones pues es el protagonista.

8- Comentario estilístico

Si nos remontáramos a la idea estética Kantiana de lo bello y lo sublime, sin titubear, nuestro cuento antes analizado entra en la categoría de lo sublime[xxiii]. Ya que no necesariamente los cuentos con finales felices son bellos o sublimes, pues muchas de las veces “sublime es lo que tan sólo con poder pensarlo atestigua una facultad del ánimo que sobrepasa cualquier medida de los sentidos”[xxiv].

Interpretación personal

A medida que pasan los años nuestro mundo y nuestra percepción de los acontecimientos que ocurren en nuestro mundo cambia. Lo serio de una época se vuelve irrisorio. Lo dulce amargo y lo doloroso placentero. Quizá nuestro cuento es la metáfora del amor que se convirtió en desamor de nuestro autor con Elena Garro o cualquier otra. Y sin embargo, a pesar de ese desamor, el cuento no deja de tener una perfección armoniosa y altamente bella. Quizá nuestro bautizado Octavio del cuento sufrió mucho porque amó mucho a su ola. La parte que más me encanta es cuando hace el amor con la ola:

El amor era un juego, una creación perpetua. Todo era playa, arena, lecho de sábanas siempre frescas. Si la abrazaba, ella se erguía, increíblemente esbelta, como tallo líquido de un chopo: y de pronto esa delgadez florecía en un chorro de plumas blancas, en un penacho de risas que caían sobre mi cabeza y mi espalda y me cubrían de blancuras. O se extendía frente a mí, infinita como el horizonte, hasta que yo también me hacía horizonte y silencio. Plena y sinuosa, me envolvía como una música o unos labios inmensos. Su presencia era un ir y venir de caricias, de rumores, de besos.[xxv]

Y finalmente con esta parte me quedo, con las caricias, los besos, los amores entre sábanas y con el tallo de la ola al penetrarla con deseo, pasión y amor en su cuerpo y alma.

Obras consultadas

Diccionario de escritores mexicanos, Tomo VI, México, UNAM, 2002.

PAZ, Octavio. ¿Águila o sol?, “Mi vida con la ola”, México, FCE, 2001.

ARÁUJO Nara y Teresa DELGADO, Textos de teorías y crítica literarias (Del formalismo a los estudios potscoloniales), México, Universidad de la Habana-Universidad Autónoma Metropolitana, 2010.

BERISTÁIN, Helena. Diccionario de Retórica y Poética, México, Porrúa, 1997.

HARTMANN, Nicolaï. Estética, México, UNAM, 1977.



[i] (1921-1997)Especialista en literatura francesa medieval y figura fundamental, de la teoría alemana de la recepción y de la llamada Escuela de Constanza. Aráujo Nara y Teresa Delgado, Textos de teorías y crítica literarias (Del formalismo a los estudios potscoloniales), México, Universidad de la Habana-Universidad Autónoma Metropolitana, 2010, p. 185.
[ii] “PAZ, Octavio (1914-1998). Nació en Mixcoac, ciudad de México, el 31 de marzo. Murió en Coyoacan, dentro de la misma ciudad, el 19 de abril. Ingresó a la Escuela Nacional Preparatoria e hizo estudios en las Facultades de Derecho y de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. En 1931, con otros condiscípulos, fundó la revista Barandal (1931-1932). Formó parte de la generación literaria que tomó nombre de la revista que editaron: Taller (1938-1941), y participó en la creación de la revista El Hijo Pródigo (1942-1943)”, Diccionario de escritores mexicanos, Tomo VI, México, UNAM, 2002, pág 325.
[iii] “Cuando dejé aquel mar, una ola se adelantó entre todas. Era esbelta y ligera. A pesar de los gritos de las otras, que la detenían por el vestido flotante, se colgó de mi brazo y se fue conmigo saltando. No quise decirle nada, porque me daba pena avergonzarla ante sus compañeras. Además, las miradas coléricas de las mayores me paralizaron. Cuando llegamos al pueblo, le expliqué que no podía ser, que la vida en la ciudad no era lo que ella pensaba en su ingenuidad de ola que nunca ha salido del mar. Me miró seria: ‘su decisión estaba tomada. No podía volver.’ Intenté dulzura, dureza, ironía. Ella lloró, gritó, acarició, amenazó. Tuve que pedirle perdón” Octavio PAZ, ¿Águila o sol?, “Mi vida con la ola”, México, FCE, 2001, pág 38.
[iv] “El amor era un juego, una creación perpetua. Todo era playa, arena, lecho de sábanas siempre frescas. Si la abrazaba, ella se erguía, increíblemente esbelta, como tallo líquido de un chopo: y de pronto esa delgadez florecía en un chorro de plumas blancas, en un penacho de risas que caían sobre mi cabeza y mi espalda y me cubrían de blancuras. O se extendía frente a mí, infinita como el horizonte, hasta que yo también me hacía horizonte y silencio. Plena y sinuosa, me envolvía como una música o unos labios inmensos. Su presencia era un ir y venir de caricias, de rumores, de besos”. Octavio Paz, Ibid, pág 41.
[v] “Prolepsis: Anticipación, dialéctica de pensamiento, ‘frente al asunto’. Consiste en anticipar velada o explícitamente ciertos razonamientos…”, Helena BERISTÁIN, Diccionario de Retórica y Poética, México, Porrúa, 1997, pág. 408.
[vi] Octavio PAZ, Op. Cit. Pág 40.
[vii] “Analépsis: Anacronía. Consiste en un desplazamiento dado en la relación entre la supuesta disposición cronológica de los hechos enunciados y la disposición artificial del proceso de la enunciación que da cuenta de ellos.” Helena BERISTÁIN, Ibid, pág 38.
[viii] Octavio PAZ, Ibid, pág 41.
[ix] “Según BARTHES, función es una unidad del relato que se da en el texto de la narración o de la representación dramática”. Helena BERISTÁIN, Ibid, pág 228.
[x] Octavio PAZ, Ibid, pág 41-42.
[xi] Octavio PAZ, Ibid, pág 38.
[xii] Ibid, págs 40-41.
[xiii] Ibid, pág 43.
[xiv] Ibid, pág 38.
[xv] Idem, pág 38.
[xvi] Ibid, págs 39-40.
[xvii] Ibid, pág 40.
[xviii] Ibid, págs 43-44.
[xix] Ibid, págs 40-41.
[xx] Ibid, pág 44.
[xxi] Ibid, pág 39-40.
[xxii] Ibid, pág 44.
[xxiii] Nicolaï HARTMANN, Estética, México, UNAM, 1977, págs 431-440.
[xxiv] Idem, pág 431.
[xxv] Octavio PAZ, Op. Cit. Pág 41.

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