jueves, abril 04, 2013

Música


Por Berto Naviera.
Tema musical: Gethsemane.
Intérprete: Ted Neeley.
Letra: Tim Rice.
Música: Andrew Lloyd Weber.
Versión: Soundtrack del film “Jesus Christ Superstar”.
Año: 1973.
 

EL ÚNICO 
 

Então Jesus compreendeu que viera trazido ao engano como se leva o cordeiro ao sacrifício, que a sua vida fora traçada para morrer assim desde o principio dos princípios, e, subindolhe à lembrança o rio de sangue e de sofrimento que do seu lado irá nascer e alagar toda a terra, clamou para o céu aberto onde Deus sorria, Homens, perdoailhe, porque ele não sabe o que fez.

José Saramago 

Las sombras descolgantes se cierran sobre mí.
Las sombras descolgantes se cierran sobre el Mundo.
Durmiente, distanciado, desconocido Mundo.
Millones y millones de seres viviendo
ajenos, lejanos. ¿Cuánto tiempo pasará?
Desde el alba lejana en que el Sol surgió cercano.
Desde aquel amanecer antiguo en que el Aura
cegadora y desconcertante me habló. Pronunció
cosas que yo no sabía aún que significaban.
Desde aquel Sol radiante que ya no fue distante.
Y me vio. Y entró en mi casa. Y habló conmigo.
Pasados tres decenios Destino me ve de frente.
Y lo miro. Me busca los ojos. Me aterroriza.
¿Cómo fui convencido? ¿En qué momento dije sí? 

Desciende desde la roca negra de lontananza
el duro acero que atravesará mi corazón.
Y me aterra. Y me aterro. 

El Viejo y el Pastor van acordes. Los dos se miran.
El Viejo y el Pastor manipulan. Y se miran.
El Viejo y el Pastor lo saben desde antes. Me miran.
Y un Destino Cierto se cierne sobre mí.
Ya no hay más incertidumbre. Ya no soy uno más.
El Destino Cierto ha caído sobre mí. Lo percibo
después, dejo de ser simplemente un hombre
y me convierten en Yo. El Yo. El Único Yo. 

Asciende desde la Madre Tierra el halo que baña las colinas y que se va reflejando en la Mar coloreándola y vistiéndola de Fiesta de Sangre que consume el polvo donde mis sandalias me tiran a la huida Y no voy Y me quedo Y no importa Porque lo que puedo lograr caminando recio corriendo es lo mismo que sucederá si me quedo Y me quedo Y aguardo Qué me importa ya Qué me importa Si finalmente todos mis caminos me guían a la misma meta Mi destino me cerca Se estrecha Me atrapa Me somete Me resisto y me violenta. 

Entre los ruidos serenos de la mañana oigo tu respiración
acompasada. Cercana. Amorosa. Vuelta contra mi mejilla
y te veo dormir. Y te observo.
Las costras de un amor inmenso cubren nuestros actos. Nuestras vidas.
Las notamos. Las aliñamos cada día para que nos protejan.
Y son nuestras armas. Y son nuestra atalaya. Y son nuestro resguardo.
Tú me ves y descubres. Tú me ves y ayudas y soportas. Silencias.
Tus ojos tristes semejan dos verdades a medias develadas.
Lo que veo. Lo que comprendo. Lo que te sirve para verme a mí.
Las regiones inmensas no nos distancian. Pero tú lo percibes.
Conoces. ¿Lo aprehendes?
Tu mano conforta, alienta, soporta.
Pero el Secreto te plena y te silencia.
Bajo mi pecho, desnudos, silencias.
Miras como al través. Reconoces lo que hay delante.
¿Reconoces al Viejo? ¿Al Pastor? 

Desciende desde la roca negra de lontananza
el duro acero que atravesará mi corazón.
Cercado por una densa niebla como espuma
el mundo se aleja de mí. Me pierde de vista. 

El Acuerdo nos ha traído aquí delante de toda esta gente que observa y se divierte El Acuerdo está firmado con semen y sangre El Acuerdo que Tú escribiste me concierne y me destruye Me vulnera Causará mi muerte ¿Dónde firmamos tal Acuerdo? Cuarenta días para leer la letra pequeña Cuarenta días para tocar mis sentimientos Cuarenta días para describirme la Gloria que con él lograremos ¡Y el pago! El terrible pago de sangre que correrá como signo a través de los tiempos.

Sobre la tierra yerma el madero se levanta.
Sobre la tierra yerma la sangre se derrama.
Sobre la tierra yerma serán echadas las suertes.
Y tendré que beber del agua con vinagre.
Y abrirán con hierro mi siniestro costado.
Y colmará mi sangre la ennegrecida escudilla. 
 
 

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