Por Madeja Lazos.
Con fotografía de Jonay.
Con fotografía de Jonay.
Y cuando despertó…
Es de noche, siempre
es de noche, pues qué sabemos en el mundo que no sea sueño. Y como los niños a
la obscuridad, tememos profundamente nuestra incertidumbre. ¿Qué hay más allá
del Universo? Éste es un problema para enfermos mentales. Nos hemos organizado
una civilización, un pretexto para salir cada mañana, tomar el transporte que
nos lleve al trabajo de todos los días; y después, regresamos cansados a
enajenarnos con un programa de televisión, un juego de video o el internet.
Dormimos y soñamos despertar cada mañana, soñamos tomar el café para soñar que
despertamos y seguimos dormidos. Pero de vez en cuando, alguien despierta, es
natural que el que duerme abra los ojos con un fuerte ruido o con un movimiento
inesperado.
A esto se le llama
tocar fondo, es esa sacudida que penetra todas las capas del ser y entonces
vemos a esa gente extraña que abandona su casa cómoda y se va al África a tomar
fotos de elefantes blancos. Locos, irresponsables, nadie les explicó lo que era
la vida, por eso algunos mueren en el intento, atacados con enfermedades
exóticas impredecibles, apenas merecido castigo para su atrevimiento. Claro, no
todos corren con la misma suerte, porque se trata de suerte, y unos la tienen tan
buena que regresan llenos de fama y fortuna; son casos excepcionales de los que
se habla mucho, siempre como excepciones. Es obvio que la vida en general es
rutinaria, hasta la ciencia lo dice: Los seres vivos nacen, crecen, se
reproducen y mueren. Y vaya si nos reproducimos: éste dice, el otro se lo cree
y así sigue la cadena a lo largo de la historia… Los mexicanos son flojos,
tienen recursos naturales valiosísimos pero por flojos no los saben aprovechar
¿les suena familiar?
La cosa
se complica porque, pensarán, tenemos varios fondos o, mejor dicho, le llamamos
fondo a cualquier cosa. El chico de la secundaria tocó fondo porque se dio
cuenta de que la novia lo buscaba sólo para las tareas, juró no tener otra
novia de este estilo jamás y a los dos meses ya estaba resolviendo problemas en
otro cuaderno. La mujer casada, harta de que el marido se vaya de parranda
exige el divorcio y al año se vuelve a casar con un hombre maduro y “alegre”,
porque lo “alegre” ni quien te lo quite y sin marido, pues cómo. El policía de
tránsito, la vio tan cerca cuando aquel coche se le abalanzó sin control, juró
que nunca volvería a pedir una mordida; pero la situación del país… los
políticos son los que más roban… qué tanto es tantito. ¿Recuerdas tus propios
fondos?, ¿los que han marcado tu vida?, ¿aún eres fiel a tus promesas?
Hay
muchas formas de tocar fondo, algunos se embarran sin remedio y llegan a tomar
decisiones fatales. Otros, viéndose en situación difícil, se acostumbran y
conformes con ella fingen ser felices; van dando paso a todos y en todo, no por
amabilidad sino por miedo, porque están cómodos y prefieren no hacer esfuerzo. Pero
tocar fondo no es un pestañeo; se trata de abrir los ojos y estar despiertos en
la noche para enfrentar nuestras incertidumbres. A todos nos han dicho lo que
es la vida, lo que se vale y lo que no; y este hecho no es en sí perjudicial, de
afirmarlo desdeñaría la cultura que nos humaniza; lo importante, me parece, es discernir
entre el despierto y el dormido.
Un día
alguien despierta, la microficción de su vida le puso enfrente un dinosaurio tan
suyo que lo descubrió en el espejo. Poco sabemos de la noche, la ciencia misma
es incapaz de revertir el tiempo. Pero la mañana persiste, una y otra vez renovadora.
Y corre la sangre en nuestras venas, así, incesantemente. Y la lluvia, el frío,
el calor podemos sentirlos untándose a nuestro cuerpo. La ilusión de la
infancia también pudo ser un sueño, lo que dijo alguien que estaba dormido a
otro que estaba indefenso… nuestra noche está llena de sueños, unos son de
niebla porque van durmiendo, otros son de luz porque están despiertos.
Sé muy poco de la
vida para hablar categóricamente sobre ella, sólo presiento que no vive en verdad quien permanece
dormido, ni es feliz quien no enfrenta su propia incertidumbre. Abogo por los
locos que se van al África a tomar fotos de elefantes blancos, aunque no salgan
de su propio techo. No hay receta para vivir la vida, sólo materia y
disposición para estar despierto.
Por hoy, los dejo,
queridos lectores. Tengan dulces sueños, sin importar la hora en que lean esto.
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