Por Berto Naviera.
EL DÍA DE LA IRA
Tema musical: Requiem Mass in D
minor (III. Sequentia: 1. Dies irae - 2. Tuba mirum).
Autor: Wolfgang Amadeus Mozart.
Intérprete: Orquesta filarmónica de
Viena y la Asociación de Cantantes Vieneses.
Director: Herbert von Karajan.
Año: 1986.
Un
sombrío y aterrador panorama se ha instalado en derredor de la tierra de los
hijos de la loba. Nubes bajas y tristes anuncian los lloros y lamentos de las
almas que no han alcanzado el perdón, de aquellos que no lograran jamás el
descanso eterno, de aquellos que no verán nunca la Luz. Las siete cimas del Tíber,
perdidos ya todos sus árboles otrora dedicados a la protectora de las tierras
de la
Vía Salaria y también sus verdes campos, yerma la tierra ya ahora, se ven repletas de sombras; sombras que se mueven como en sueños; sombras que se arremolinan buscando inútilmente un lugar de descanso en su marcha hacia la Nada. El reino de Plutón ha tornado a ser abierto y sus puertas tragan hombres por millares. La gran tragedia anunciada por la sabia mujer de Eritea, ha comenzado.
Vía Salaria y también sus verdes campos, yerma la tierra ya ahora, se ven repletas de sombras; sombras que se mueven como en sueños; sombras que se arremolinan buscando inútilmente un lugar de descanso en su marcha hacia la Nada. El reino de Plutón ha tornado a ser abierto y sus puertas tragan hombres por millares. La gran tragedia anunciada por la sabia mujer de Eritea, ha comenzado.
Desde los largos caminos del mundo los
hombres llegan para ser escudriñados. Tasados sus actos y su tiempo recibirán
el terrible dictamen de sentencia o, gozosos, entrarán al Eterno Reino. El
tiempo no importa; ya nadie está, ahora, interesado en medir sus lapsos. Los
días y las horas parecen una sola medida y eones de inexpugnable memoria se
acumulan uno tras otro tras otro. El Libro de la Historia del Hombre ha sido
abierto. Es el terrible tiempo del Juicio Final. Los hombres van a ser
ponderados. El Tiempo ha terminado.
Por los caminos de tierra anaranjada y listas
bermejas interminables filas de espectros avanzan hacia el poniente. Sombras
informes de hombres, como espectros vaciados, como fantasmas de lodo, se mueven
con cansancio y con desgano. No hay nada que los motive, no hay nada que deseen
en su destino. No hay nada que ahora ansíen alcanzar.
Quantus
tremor est futurus
quando iudex est venturus
cuncta stricte discussurus!
quando iudex est venturus
cuncta stricte discussurus!
Enormes olas se levantan de la mar vomitando
a aquellos por él tragados. La tierra cruje y se rompe con aterrador estrépito;
los sepulcros estallan y los muertos son despertados de su temporal sueño. El
Destino los llama, los requiere, los exige. No hay donde ocultarse. No hay hacia
donde escapar. Teste David cum Sybilla.
Dentro del torbellino y la furia de la
tormenta que azota a los reclamados todo es oscuridad. La Naturaleza misma
tiembla ante el retorno de su Creador. Y contra toda esta ira, lentamente,
desde Levante comienzan a verse las briznas de una aurora. Dorados rayos van apareciendo
tenuemente y, aún débiles, comienzan a despejar la oscuridad. Los cuerpos de
los espectros se estremecen de pavor. El Tiempo ha aportado.
Mors
stupebit et natura
cum resurget creatura
judicanti responsura.
Liber scriptus proferetur
in quo totum continetur
unde mundus iudicetur.
cum resurget creatura
judicanti responsura.
Liber scriptus proferetur
in quo totum continetur
unde mundus iudicetur.
Las sombras van cediendo su imperio a las
columnas de oro que formarán el Pretorio desde donde el retoño del tronco de
Jesé impartirá su Justicia. ¿Quién será salvado si los mismos justos no pueden aún
cantar su triunfo?
Con el áureo resplandor que poco a poco
impone su soberanía se deja oír la voz potente y clara de una trompeta imperial
que, sobre la Tierra yerma, irradia su majestuoso retumbo. El postrero juicio
va a dar comienzo. Ante el Juez portentoso no puede haber secretos, todos los
hechos quedaran expuestos. Los ojos de los penitentes vuelven esperanzados sus
miradas a la Luz que nace. Es la hora del justo premio o del imparcial castigo.
Quid
sum miser tum dicturus?
Quem pratonum rogaturus,
cum vix iustus sit securus?
Quem pratonum rogaturus,
cum vix iustus sit securus?

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