jueves, julio 11, 2013

Música

Por Berto Naviera.
Tema musical: Requiem Mass in D minor (III. Sequentia: 1. Dies irae - 2. Tuba mirum).
Autor: Wolfgang Amadeus Mozart.
Intérprete: Orquesta filarmónica de Viena y la Asociación de Cantantes Vieneses.
Director: Herbert von Karajan.
Año: 1986.

EL DÍA DE LA IRA 

Un sombrío y aterrador panorama se ha instalado en derredor de la tierra de los hijos de la loba. Nubes bajas y tristes anuncian los lloros y lamentos de las almas que no han alcanzado el perdón, de aquellos que no lograran jamás el descanso eterno, de aquellos que no verán nunca la Luz. Las siete cimas del Tíber, perdidos ya todos sus árboles otrora dedicados a la protectora de las tierras de la
Vía Salaria y también sus verdes campos, yerma la tierra ya ahora, se ven repletas de sombras; sombras que se mueven como en sueños; sombras que se arremolinan buscando inútilmente un lugar de descanso en su marcha hacia la Nada. El reino de Plutón ha tornado a ser abierto y sus puertas tragan hombres por millares. La gran tragedia anunciada por la sabia mujer de Eritea, ha comenzado. 

Desde los largos caminos del mundo los hombres llegan para ser escudriñados. Tasados sus actos y su tiempo recibirán el terrible dictamen de sentencia o, gozosos, entrarán al Eterno Reino. El tiempo no importa; ya nadie está, ahora, interesado en medir sus lapsos. Los días y las horas parecen una sola medida y eones de inexpugnable memoria se acumulan uno tras otro tras otro. El Libro de la Historia del Hombre ha sido abierto. Es el terrible tiempo del Juicio Final. Los hombres van a ser ponderados. El Tiempo ha terminado. 

Por los caminos de tierra anaranjada y listas bermejas interminables filas de espectros avanzan hacia el poniente. Sombras informes de hombres, como espectros vaciados, como fantasmas de lodo, se mueven con cansancio y con desgano. No hay nada que los motive, no hay nada que deseen en su destino. No hay nada que ahora ansíen alcanzar.  

Quantus tremor est futurus      
quando iudex est venturus       
cuncta stricte discussurus!
 

Enormes olas se levantan de la mar vomitando a aquellos por él tragados. La tierra cruje y se rompe con aterrador estrépito; los sepulcros estallan y los muertos son despertados de su temporal sueño. El Destino los llama, los requiere, los exige. No hay donde ocultarse. No hay hacia donde escapar. Teste David cum Sybilla. 

Dentro del torbellino y la furia de la tormenta que azota a los reclamados todo es oscuridad. La Naturaleza misma tiembla ante el retorno de su Creador. Y contra toda esta ira, lentamente, desde Levante comienzan a verse las briznas de una aurora. Dorados rayos van apareciendo tenuemente y, aún débiles, comienzan a despejar la oscuridad. Los cuerpos de los espectros se estremecen de pavor. El Tiempo ha aportado. 

Mors stupebit et natura  
cum resurget creatura   
judicanti responsura.     
Liber scriptus proferetur 
in quo totum continetur  
unde mundus iudicetur.   
 

Las sombras van cediendo su imperio a las columnas de oro que formarán el Pretorio desde donde el retoño del tronco de Jesé impartirá su Justicia. ¿Quién será salvado si los mismos justos no pueden aún cantar su triunfo?  

Con el áureo resplandor que poco a poco impone su soberanía se deja oír la voz potente y clara de una trompeta imperial que, sobre la Tierra yerma, irradia su majestuoso retumbo. El postrero juicio va a dar comienzo. Ante el Juez portentoso no puede haber secretos, todos los hechos quedaran expuestos. Los ojos de los penitentes vuelven esperanzados sus miradas a la Luz que nace. Es la hora del justo premio o del imparcial castigo. 

Quid sum miser tum dicturus?
Quem pratonum rogaturus,
cum vix iustus sit securus?

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