jueves, junio 27, 2013

Qué leer


Por Yara de Mort.
 
 
SOBRE LA FELICIDAD DE SÉNECA
¿Qué es la felicidad?, ¿la felicidad es ir por lo que todos quieren? Lo que todos quieren, primero que todo, es la abundancia financiera, un buen auto, una linda casa, los reglamentarios hijos, etcétera. Lo que todos quieren es casarse a los veintitantos años con una persona de buen ver, con un buen partido;  es conseguir el empleo de los sueños donde se pueda ganar mucho haciendo poco; es comer platillos exóticos y viajar constantemente; es, en fin, la comodidad, el placer, pero, ¿felicidad y placer son la misma cosa? ¿Una persona que tiene todo lo anterior es por fuerza feliz? ¿Somos felices en la medida en que podemos consumir y ser envidiados por otros?...
        Me he topado por casualidad con uno de esos libros que uno tiene en la amplia lista de “pendientes” y que siempre se quiere leer pero se pospone y se pospone indefinidamente. Hace un tiempo entré a una librería con más dinero del que pensaba gastar y como casi siempre ocurre gasté casi todo lo que llevaba. Vi una colección muy linda cuyo título versa Los libros que cambiaron el mundo; de ahí elegí uno de Pascal, otro de Séneca, de Descartes, de Einstein y de San Agustín. Compré, pues, cinco libros que consideré imprescindibles para los anaqueles de mis libreros. Pensaba leerlos pronto pero, por supuesto, me acosa la desgracia del lector voraz de siempre tener muchos más libros de los que se pueden leer.
Tomé el de Séneca hace unos días. No hay ningún motivo en especial, me sentí atraída y ya. Es una cosa divina quizá. Tengo la teoría de que ciertos títulos llegan a tu vista en el momento que deben hacerlo, cuando tenían algo que decirte. Luego, el hermoso volumen que estaba todavía con el plástico, dentro de una cajita a su medida en color blanco y que lleva impreso el rostro del que debió ser el filósofo Séneca, que además tiene la pasta dura en color gris, contiene Sobre la felicidad, De la brevedad de la vida, Sobre la clemencia, Ideario y Ciencias naturales. Me dispuse entonces a leer lo primero, lo leí rápido en poco menos de dos horas y sigo masticando las palabras, preguntándome qué es la felicidad.
Pero, la felicidad, ciertamente, no es un estado fijo y permanente, no es algo que uno pueda obtener de una vez y para siempre, no es ni visible ni palpable, no tiene olor ni sabor, no se oye ni traza su sombra a contraluz. La felicidad es tan disímil como somos distintos y diversos los seres humanos. La felicidad es una cosa que se cocina y se come sola. Uno mismo cultiva y cosecha su propia felicidad, no es compartible, es como la vida y la muerte: individual, personal, íntima. Dice Séneca, entre muchas cosas, que lo primero es saber qué se quiere, saber lo que a uno lo hará feliz. Me recuerda esta aseveración a La historia interminable en que nos preguntábamos cómo saber qué es lo que verdaderamente anhelamos. Eso es una cuestión muy seria y muy definitoria. Es tan sagrada ―en la misma medida en que lo es la vida― que sería una reverenda pendejada dejar la respuesta a alguien más.
Me viene a cuento en este punto un post de Irving Ramírez en que afirmaba que la gente lee libros de superación personal porque no conoce la filosofía. ¡Oh!, ¡vaya que tiene razón! Uno no puede dejar que otros definan su propia felicidad, porque la felicidad no es cuestión de marketing ni posesiones ni preceptos religiosos ni convenciones sociales. La felicidad es personal y sagrada, es una cosa que uno busca solo sin recetas de cocina. Dice Séneca que no hay nada más dañino que acomodarse al rumor del vulgo para hallar la felicidad; dice también que el vulgo siempre se equivoca y esto es, pues, que no hay que dejarse llevar por la gente. La gente no sabe lo que quiere ella misma, ¿cómo van a saber lo que uno necesita para sí? Uno, creo, hace la felicidad haciéndose a sí mismo, construyéndose sobre sus propias sensaciones íntimas, meditando siempre para sí en una permanente introspección.
Dice Séneca que los bienes no deben ser despreciados, pero tampoco amados al punto de morir por ellos; que quien los pierde amándolos locamente y viviendo para ellos estará entonces perdido y que, en cambio, si uno los pierde sin un apego férreo a ellos, pues serán solo cosas que se van y no se estará temeroso de perderlos todo el tiempo. Dice el filósofo romano que uno no debe vivir para los bienes, sino servirse de ellos para vivir, que uno trabaja azarosamente para llenarse de cosas que después no podrán disfrutarse por falta de tiempo y de espíritu.
Yo me pregunto ahora ¿qué es la felicidad? La felicidad es escribir, pienso, es tomar mi café cada mañana, es contemplar a las personas que amo, es buscar el sentido de cada día y buscar e indagar en los secretos del universo, es conmoverme hasta las lágrimas ante la belleza del mundo, es buscar responderme y satisfacerme a mí en la medida en que me he trazado un estereotipo personal de quien quiero ser. La felicidad es ignorar el ruido, ignorar al que te dice que el que no tranza no avanza, que buscar la perfección y la virtud es de locos “románticos”, que no tener las cosas que todos quieren es de perdedores y fracasados. La felicidad es reencontrarme cada día, rencontrar el ciclo en el que respiramos solo para dejar de hacerlo un día, solo para volver a fundirnos con la tierra y con el aire. La felicidad es ver que incluso el dolor tiene su belleza, que mi dolor tiene sus causas y sus efectos, que si uno no procede de mala fe no tiene nada que temer. La felicidad va más allá de lo que los demás piensen de uno mismo, de complacer a otros, de buscar tener el premio gordo por sobre los otros. La felicidad es identificarse con la tierra y con sus ciclos, con sus misterios; es buscar la justicia y ser justo sobre todo con uno mismo.
…Y para ti, ¿qué es la felicidad?
           

1 comentario:

Claudio Phoenicoperus dijo...

¡Magnífico! Da felicidad leer recomendaciones tan sabrosas...