jueves, octubre 17, 2013

Música

Por Berto Naviera.
Música: Libertango.
Intérprete: The Swingle Singers.
Autor: Astor Piazzolla.
Año: 2013. 

CALÍGINE
El Sol va dejándose desmayar desde lo alto de ese cielo índigo donde reina y que va perdiendo, raudo, sus fulgores otoñales. Un azul de cobalto va poblando el empíreo y la sangre del Dios Sol en sacrificio se riega por el firmamento. El día llega su fin y la Noche extiende su caliginoso reino. 
         Caminando por una larga y angosta callejuela un hombre avanza con paso rápido; voltea por sobre su hombro constantemente como si temiera ser descubierto o, peor aún, ser alcanzado por algo a lo que teme; algo que mantiene su amenaza sin estar presente. Sus pasos resuenan sobre las húmedas baldosas y las sombras que pueblan la calle encubren torvas amenazas. Su corazón y sus pasos se aceleran.
tap
tump
      tap       tap
tump
      tap       tap
tump          tump… 

         Alcanza, jadeante, la avenida próxima llena de autos veloces y entremezclados sonidos. Su ritmo cardiaco se ha calmado y sus ojos ya no buscan soterradas amenazas en las sombras. Las demás personas le son indiferentes. 

         Llega a un gran portón de sólido acero verde y toca: tres toques rápidos y luego uno más ‑tomb tomb tomb - tok‑. Unos breves instantes de espera y el portón se abre para que él penetre. Una gran bóveda, apenas iluminada, se descubre ante el hombre. Conoce el lugar, no es la primera vez que lo visita. Una mujer alta y esbelta de lacio cabello lo lleva hasta una mesa redonda y le ofrece asiento.  

         Un foro en el centro de la bóveda se ilumina con una parda luz rojiza: en él se puede observar una pareja completamente desnuda; un hombre y una mujer de cuerpos claros, lampiños, musculosos, elásticos que se mueven en pasos armoniosos bailando una danza sensual: es un tango. Sus ojos, tapados con púrpura seda, no pueden mirarse. Sus manos se juntan, sus cuerpos se acercan y luego distancian. Se buscan, se encuentran. Se mueven en ágiles pasos que unen sus piernas desnudas. Sus cuerpos se juntan en gráciles piruetas gimnásticas para luego arrojarse en bruscas corcovas. Las manos se extienden, los dedos se abren, recorren la piel de los senos, la cintura, las nalgas, las piernas.  

         La mujer alta y esbelta de lacio cabello ha traído un vaso de vidrio rosado con una bebida del color del cobalto. El hombre, extasiado en la danza, se lleva el vaso a la boca y la sorbe. Sus ojos se nublan, se pierde en el tiempo y, cuando reacciona, se encuentra desnudo y unas largas piernas ciñen su cintura mientras que su miembro penetra la húmeda vulva. Dos blancos brazos lo envuelven y cierra los ojos mientras que disfruta el tórrido vaivén de los engarzados sexos. ¿Dónde se encuentra? ¿Quién es aquella mujer de ojos profundos y oscuros que, desde el placer, lo observa? La mujer le da la vuelta y queda a horcajadas sobre su vientre. Su miembro penetra en ella profundamente. El lacio cabello cae por sus hombros. Y en el instante del clímax despliega unas grandiosas alas oscuras desde su espalda. El hombre queda absolutamente desconcertado mientras va sintiendo que desde su interior un volcán erupciona. Decenas de oleadas de placer lo hacen perderse en el caliginoso abismo y cierra los ojos. 

         Una luz intensamente blanca lo espabila. Un automóvil ha dado vuelta en la cercana avenida y la luz de los faros le da de lleno en los ojos. El hombre reacciona, levanta la mano y se da cuenta de que sigue dentro del callejón. Las sombras que abundan esconden inexplicables peligros y apresura el paso y su corazón se apresura. ¿Ha tenido un sueño? No lo sabe, su cabeza se encuentra confundida.  

Tap
tump
      tap       tap
tump
      tap       tap
tump          tump…

Sus pasos y su corazón aceleran el ritmo. Las luces de la avenida próxima ya están cerca. 

         Desde un oscuro rincón le llega un murmullo, una silueta se mueve en la sombra. Una imperceptible voz le rumora: Weather to fly.
 

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